Lo que aprendí de la India — Hyderabad

Lo que aprendí de la India — Hyderabad
Charminar - Ancient Hyderabad

Pasé un mes completo en la India, viviendo en Hyderabad.

No fue un viaje turístico, sino una experiencia de inmersión cotidiana, y como toda inmersión, dejó aprendizajes que no siempre son fáciles de ordenar.

Hyderabad es conocida como la ciudad de las perlas.

Es una de las ciudades más grandes del país, con una fuerte presencia de población musulmana, un polo relevante de la industria farmacéutica y un centro importante de tecnología y comunicaciones. Conviven en ella tradiciones antiguas, desarrollo urbano acelerado y una vida cotidiana intensa.

Pero más allá de los datos, lo que más me marcó fue la experiencia humana.

Aprendí que pueden convivir de forma serena religiones distintas, como el hinduismo y el islam, no sin tensiones históricas, pero sí con una cotidianeidad compartida que se siente real. Esa convivencia no se declama: se practica.

Aprendí también sobre la hospitalidad. En la India, y particularmente en Hyderabad, me sentí siempre bien recibido. La cercanía, la disposición a ayudar y la curiosidad amable hacia el otro fueron constantes. Nunca me sentí un extraño del todo.

Y aprendí algo más difícil de nombrar: a moverme más lento por dentro en un entorno que es intenso por fuera. A observar antes de juzgar. A aceptar que no todo se entiende de inmediato, y que está bien así.

Este texto no busca resumir la India —eso sería imposible—, sino registrar algunos aprendizajes personales que me acompañan de vuelta.

Viajar, a veces, no cambia lo que eres, pero sí ajusta la forma en que miras.