De dónde viene mi gusto por escribir para entender

De dónde viene mi gusto por escribir para entender
Foto de recuerdo de mis primeros escritos en Arzobispo González

No siempre escribí así.
Ni con esta calma, ni con esta intención.

Durante mucho tiempo leí más de lo que escribía. Buscaba palabras que hicieran algo que yo no sabía hacer: ordenar, nombrar, sostener.

Creo que ahí aparece una figura clave en mi relación con la escritura: la Dra. Norma Echavarría.

Descubrí su blog Adultos desorganizados hace años, casi por azar. No recuerdo exactamente cómo llegué, pero sí recuerdo el efecto: leerla era como encontrar un lenguaje que no explicaba desde arriba, sino desde adentro.

No eran textos largos ni espectaculares.
No prometían soluciones rápidas.
No buscaban convencer.

Eran textos que acompañaban.

Escribía sobre TDAH, vínculos, emociones, responsabilidad, cuidado, pero siempre desde un lugar muy particular: el de alguien que entiende que pensar también es una forma de regularse.

Ahí entendí algo importante:
que escribir no era solo comunicar ideas,
sino mapear la experiencia.

Que se podía escribir sin exhibirse,
pero sin esconderse.

Que se podía hablar de lo difícil
sin dramatizarlo.

Ese blog —activo entre 2010 y 2022— fue, para mí, una especie de base segura intelectual y emocional. Un lugar al que volvía cuando no entendía bien qué me estaba pasando, o cuando necesitaba leer a alguien que no simplificara.

Más tarde, Norma continuó escribiendo en otros espacios, incluido su sitio personal, donde mantuvo un blog activo entre 2017 y 2023. La voz era la misma, pero el tiempo ya había pasado: se notaba una escritura más destilada, más silenciosa.

Con los años, me di cuenta de que mi forma de escribir —esta necesidad de pensar escribiendo, de no cerrar del todo, de no sentenciar— tiene mucho de esa lectura prolongada.

No escribo para enseñar.
No escribo para convencer.
Escribo para entender qué me pasa y qué nos pasa.

Y eso lo aprendí leyendo.


Algunos textos que vuelvo a leer

No como archivo, sino como compañía:

  • Sal. Camina. Avanza. Confía.
  • El poder de poder ser yo
  • Retornar a una base segura
  • Oscilaciones pendulares
  • ¿SOS: amo a alguien con TDAH?
  • Entre las crisis y el colapso
  • Despliega tu mapa
  • El impacto de las emociones
  • Ser grande es hacernos cargo
  • Desconexiones costosas

No los enlazo aquí como bibliografía, sino como huellas.
Cada uno marcó una forma posible de pensar(se).

No escribo como escribe Norma Echavarría.
Pero sí escribo porque la leí.

Y reconocer eso también es parte de entenderme.

Este texto es también una forma de agradecer a quienes escribieron antes y me enseñaron que pensar puede ser un acto de cuidado.