Con la belleza no basta

Con la belleza no basta
Parra sospechaba de la belleza.

Teillier parecía saber que no alcanzaba.

Y yo empiezo a entender que algunas cosas pueden ser hermosas

sin ser suficientes.

Durante mucho tiempo me engañé a mí mismo creyendo que la belleza era suficiente.

Que si una persona me parecía bella —en su forma de estar, de mirar, de moverse— eso alcanzaba para sostener un vínculo.

Como si la atracción inicial pudiera compensar lo demás.

No hablo solo de belleza física.

También de la belleza de la conversación, de la sensibilidad, de cierta intensidad compartida.

Pero con el tiempo empecé a notar algo incómodo:

la belleza atrae, pero no sostiene.

Puede encender el deseo.

Puede generar ilusión.

Puede hacer que uno pase por alto señales importantes.

Pero no basta para atravesar los días difíciles,

ni para sostener conversaciones incómodas,

ni para cuidar cuando la intensidad baja.

A veces confundí belleza con profundidad.

Atracción con compatibilidad.

Conexión inicial con posibilidad real de vínculo.

Y en ese error, también fui injusto conmigo mismo.

Esperé que algo hermoso cargara con un peso que no le correspondía.

Hoy entiendo que un vínculo necesita otras cosas, menos visibles pero más decisivas:

presencia,

responsabilidad emocional,

claridad,

capacidad de cuidado mutuo.

La belleza puede acompañar todo eso.

Puede enriquecerlo.

Pero no reemplazarlo.

No escribo esto para desilusionarme del deseo,

ni para negar la atracción.

La belleza abre la puerta,

pero no se queda.

No vela el sueño,

no sostiene la conversación difícil,

no aprende a cuidar.

Puede ser verdadera,

intensa,

incluso inolvidable.

Pero no basta.

Y aceptar eso

también es una forma de querer mejor.